jueves, 19 de agosto de 2010

1. Diseñador como autor


Jonathan Barnbrook. "Designers, stay away from corporations that want you to lie for them"; billboard, Las Vegas, 1991

Ya transcurridos 10 años desde el inicio del siglo XXI, la revolución digital y su impacto social, económico, político, económico resultan evidentes en cada campos de nuestra vida; desde las relaciones personales privadas hasta el territorio laboral profesional, pasando por las maneras en que nos informamos, viajamos, consumimos, comunicamos, investigamos, educamos, entretenemos, trabajamos, relacionamos, etc.

Como diseñadores este impacto ha sido tan rotundo como en cualquier otra disciplina, dejando rápidamente obsoletas estrategias, metodologías de trabajo, lenguajes y con ello también oficios, herramientas y también objetos que difícilmente resultan justificables en términos económicos y ambientales, pero que de alguna manera nos negamos a abandonar social y culturalmente: libros, invitaciones, catálogos, mapas y en general todo objeto gráfico impreso se encuentran hoy enfrentado a una crisis de identidad y producción severa frente a modos más rápidos, económicos y versátiles como facebook, ipad, gps, iphones, ireaders, webs, twitter, celulares.

¿Podemos seguir entendiendo el concepto de “diseño gráfico” como una disciplina de este siglo? 

Si la respuesta es no, hay razones de sobra como para enterrar este querido artefacto del pasado y comenzar a estudiarlo y darle una nueva vida exclusivamente como pieza de museo o de coleccionistas.

Si la respuesta es sí tenemos que preguntarnos sobre
la función del diseño gráfico (impreso) en el siglo XXI.

— ¿Tiene algún sentido producir objetos gráficos en la era digital? 
— ¿Para quién estamos diseñando?
— ¿Qué significancia tiene?
— ¿Cuál es su lenguaje?
— ¿Cómo se produce? 
— ¿Con qué materiales?
— ¿A qué escala?
— ¿A qué costo? 
— ¿A qué precio?
— ¿En qué circuito se inserta? 
— ¿Con qué fin?

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